Si lo que te doy nunca alcanza, si siempre falta algo para conformarte, si sigues demandándome, si me dices que nunca es suficiente… quisiera saber: ¿cómo debo quererte para hacerte feliz?”
"No importa lo que me cueste, siempre estoy atenta a tus necesidades, porque lo que a mí me pasa queda en un segundo plano cuando siento que no estás del todo feliz. Algo me da temor y creo que es que si no te doy todo lo que necesitás, seguramente me dejarás o buscarás alguien que pueda dártelo".
Este es el relato de una paciente escrito después de una pelea con su pareja. Habla de sus limitaciones, de la manera de entregarse sin registrar su propia persona: el otro es el centro del universo, y nunca se conforma con lo que la pareja le ofrece.
El poder y el dominio como modalidad del vínculo se generan en parejas que construyeron una relación patológica casi sin darse cuenta y quedaron fijadas en este tipo de vínculo enfermo.
Las mujeres pendientes de su hombre y que se esmeran en conformarlos de todas las maneras posibles -hasta exponiendo su propia integridad- dicen que se comportan de esa manera para ayudarlos, y sienten que ellos "las buscaron para salvarse".
Él parece ciertamente el amor ideal, casi perfecto, que concilia en todo, y ella acepta tácitamente ya que en el fuero íntimo tienen la esperanza de que lograrán con su amor incondicional cambiarlos, transformarlos sin darse cuenta de la omnipotencia que encierra esta creencia.
Pero para lograr eso, el amor que le prodiguen deberá ser más que suficiente, y cumplir con la consigna asignada por la cultura en la que viven insertas, que desde pequeñas inculcó en ellas el mensaje de que pueden transformar a ese hombre animal a través de un amor profundo. Por eso no importan las contradicciones, ni que él tenga características que sean rechazables, no importa que no sea afectuoso ni considerado, no importa que sea agresivo y violento o desconsiderado, porque la mujer utiliza mecanismos defensivos que pueden sinceramente cambiar lo que se ve: a través de la negación, ocultan lo que quieren desconocer, niegan lo real y transforman los sentimientos en forma ilusoria fabricando su propia historia, la historia que quieren creer y la que quieren que los demás reciban.
De esta forma, también controlan lo que les provoca vergüenza y les resulta desagradable. La expresión de su entrega hablaría de que su intención es ayudarlo, pero en realidad quieren poder controlarlo y manejar los sentimientos y las emociones propias para evitar el daño. Si el otro nos quiere, entonces podemos sentirnos valorizadas pero desde el amor del otro y no a través de empezar amándonos a nosotras mismas.
Las mujeres que ofrecen su amor como una forma de entrega total y esperan el dominio a través de la exigencia, los reclamos y los reproches llegan al punto de mentir descaradamente a los demás para disimular la situación que viven, sumamente intolerable y violenta. Este tipo de situaciones las conecta con la vergüenza y muchas veces van perdiendo amistades porque quedan mal frente a ellas, ya que se dejan desvalorizar y desacreditar sin hacer nada por modificar esa situación por el temor que le tienen a su pareja. Presentan cambios anímicos considerables, pasan de la alegría a la tristeza, de la ira y el enojo a la euforia, y hasta pueden volverse violentas en algunas situaciones o momentos específicos como manifestación de una pérdida de control. Suelen distraerse con facilidad y tienden a tener accidentes por la tensión que produce el hecho de tener que hacer todo a la perfección.
Es sumamente difícil poder entender cómo han quedado atrapadas en este tipo de vínculo y, por sobre todo, que se den cuenta de que sin ayuda profesional y de personas que hayan pasado por la misma situación (que de alguna manera les hagan ver las consecuencias, a la larga, de su obrar) es imposible que se curen o puedan recuperarse de esta creencia de que mágicamente podrán cambiar al otro y que será comprensivo, atento, compañero, etcétera.
¿Cómo quieres que te quiera? es una pregunta que ellas tácitamente hacen a su pareja y que demuestra la capacidad de entrega y la dimensión que la misma tiene, a modo de un compromiso real, de una esclavitud casi deseada: "Te amaré tanto, que verás cómo no podrás prescindir de mí, para después estar en deuda conmigo".
Salir de este mecanismo de ser complaciente, de amar como ellos quieren ser amados, requiere de terapia para poder pedir ayuda. Primero hay que aceptar y tener conciencia de la enfermedad. El camino es difícil pero, por la solución, vale la pena transitarlo.
NADA MAS X HOY!!!!!
BSSSSSSSSSSSS
ANDREA!!
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